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Tecnología, datos y colaboración ante la emergencia

  • 8 feb
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 9 feb

Chile es un país marcado por la emergencia. Terremotos, incendios forestales, aluviones y catástrofes naturales han puesto a prueba, una y otra vez, la capacidad de respuesta del Estado y de las comunidades. En ese escenario, la información oportuna se vuelve un factor crítico. No basta con reaccionar. Es necesario comprender rápido qué ocurrió, dónde ocurrió y con qué magnitud.


Imagen: Agencia Uno
Imagen: Agencia Uno

Las imágenes satelitales se han transformado en una herramienta silenciosa pero decisiva para apoyar la gestión de crisis. Desde hace más de una década, hemos trabajado con la convicción de que los datos, cuando se comparten y se interpretan bien, pueden marcar la diferencia. Emergencias que exigen nuevas formas de mirar el territorio

La historia reciente del país está atravesada por eventos extremos. El terremoto de 2010 redefinió la forma de evaluar daños a escala nacional. El aluvión de Chañaral en 2015 mostró la fragilidad de ciudades completas frente a fenómenos repentinos. Los incendios de Valparaíso en 2014 y 2024, Santa Olga en 2017, Biobío y Maule en 2018, Ñuble en 2023 y, más recientemente, los incendios del Biobío en 2026, dejaron una huella profunda en el territorio y en la memoria colectiva.



En cada uno de estos episodios, el desafío fue dimensionar el daño en el menor tiempo posible, priorizar zonas críticas y apoyar decisiones que, muchas veces, debían tomarse bajo presión. En ese contexto, la observación satelital permitió superar una limitación histórica: la dependencia exclusiva del levantamiento en terreno, lento y complejo en escenarios de desastre. Ver desde arriba para actuar mejor en tierra

Las imágenes satelitales ofrecen una ventaja estructural. Permiten observar grandes extensiones de territorio de forma homogénea, comparar escenarios antes y después de un evento, y detectar patrones que no siempre son visibles desde el suelo.


En incendios forestales, por ejemplo, facilitan la delimitación de áreas quemadas, la identificación de viviendas afectadas y la evaluación de la cercanía del fuego a infraestructura crítica.


En aluviones y terremotos, el aporte es similar. La información espacial permite mapear cortes de caminos, zonas de remoción en masa, alteraciones en cursos de agua y cambios en la morfología urbana. Todo esto se traduce en insumos concretos para la gestión de la emergencia.

Nuestra experiencia nos ha mostrado que el valor de estas imágenes no está solo en la resolución, sino en su correcta interpretación y en la capacidad de integrarlas a flujos de trabajo comprensibles para las autoridades.


Imágenes ópticas y radar: dos miradas complementarias

Uno de los aprendizajes más relevantes en estos años ha sido comprender que no existe una única fuente de información suficiente por sí sola. Las imágenes ópticas, similares a una fotografía tomada desde el espacio, entregan un nivel de detalle visual fundamental para identificar estructuras, trazados urbanos y cobertura vegetal. Sin embargo, dependen de la luz solar y se ven afectadas por nubes, humo o condiciones atmosféricas adversas.


Frente a ese límite, las imágenes de radar de apertura sintética (SAR) han demostrado un valor estratégico. Al ser sensores activos, capaces de operar de día y de noche y de atravesar humo y nubosidad, permiten mantener continuidad informativa incluso durante la emergencia. En incendios activos, esa capacidad es decisiva.



La combinación de ambos tipos de imágenes ha sido clave para construir análisis más robustos. No se trata de elegir una u otra, sino de integrarlas para obtener una lectura completa del territorio. De la imagen al dato útil para la decisión pública


Un punto central en nuestro trabajo es la transformación de imágenes en información utilizable. Las capturas satelitales, por sí solas, no resuelven problemas. Requieren procesamiento, análisis y validación.

En distintas emergencias, hemos desarrollado flujos de trabajo que permiten generar mapas comparativos, reportes automáticos y visualizaciones dinámicas orientadas a usuarios no técnicos. Esto es especialmente relevante cuando la información debe ser utilizada por organismos públicos encargados de coordinar la respuesta.

La tecnología solo tiene sentido cuando se pone al servicio de la gestión pública y de las comunidades. Colaborar para llegar más lejos

Ninguna emergencia se aborda en solitario. A lo largo de estos años, el trabajo de Imagine-IT ha estado marcado por la cooperación con instituciones del Estado, gobiernos regionales, municipios y centros de innovación territorial. También por alianzas técnicas con actores especializados en análisis avanzado y generación de conocimiento local.

La colaboración con equipos como DeepHub y City Lab Biobío ha permitido cruzar información satelital con catastros urbanos, datos socioespaciales y validación en terreno. El resultado es información más precisa, contextualizada y útil para quienes deben tomar decisiones complejas en plazos reducidos.


Creemos firmemente que este enfoque colaborativo es el camino. La emergencia no admite compartimentos estancos ni celos institucionales. Exige apertura, coordinación y confianza en los datos. Una visión construida en el tiempo

La experiencia acumulada durante más de 15 años ha permitido consolidar una mirada estratégica sobre el uso de geotecnologías en situaciones críticas. No se trata solo de reaccionar ante el desastre, sino de construir capacidades permanentes que fortalezcan la prevención y la preparación.

Así lo resume nuestra CEO, Pamela Silva, en una reflexión que atraviesa toda nuestra trayectoria:

En Imagine-IT llevamos más de 16 años comprometidos con el apoyo en situaciones de emergencia, colaborando con instituciones del Estado y comunidades afectadas. Nuestro propósito es poner a disposición datos confiables y verificables que contribuyan a decisiones oportunas y a la recuperación de los territorios.

Esta visión no está anclada a un evento específico. Es una forma de entender el rol de la tecnología en un país expuesto de manera permanente a riesgos naturales.

Las emergencias seguirán ocurriendo. El cambio climático, la expansión urbana y la presión sobre los ecosistemas hacen prever escenarios cada vez más complejos. Frente a ese desafío, la información satelital se consolida como un pilar de la gestión moderna del riesgo.

Desde nuestra experiencia, estamos convencidos de que el futuro pasa por integrar estas capacidades de manera estructural en los sistemas públicos. No como un apoyo excepcional, sino como un componente permanente de la planificación territorial y la respuesta a emergencias.

En Imagine-IT creemos en esa dirección. Creemos en los datos abiertos, en la colaboración interinstitucional y en la tecnología puesta al servicio de las personas. Porque cuando el territorio se ve afectado, la información correcta, en el momento adecuado, puede marcar la diferencia entre reaccionar tarde o actuar a tiempo.

 
 
 

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