Imágenes satelitales permiten observar los efectos de los últimos temporales sobre ríos y embalses de Chile
- 3 ago
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Chile presenta una diversidad geográfica que hace que un mismo tipo de fenómeno meteorológico pueda generar consecuencias muy diferentes según el territorio donde ocurre. Las precipitaciones pueden representar un aporte significativo para zonas afectadas por escasez hídrica, pero también convertirse en una amenaza cuando provocan crecidas, desbordes o inundaciones.
Los eventos registrados durante julio de 2026 son un ejemplo de esa complejidad. En la Región de Coquimbo, el temporal produjo un cambio relevante en el escenario hídrico. Según los antecedentes de la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas (DGA-MOP) citados en nuestro análisis, los embalses regionales pasaron de bordear el 10% de su capacidad a situarse cerca del 30%, con incrementos importantes en distintos reservorios.
Para analizar esta evolución utilizamos imágenes radar Sentinel-1 del programa Copernicus sobre nueve embalses de la región: La Paloma, Recoleta, Cogotí, Culimo, Corrales, El Bato, Valle Hermoso, Puclaro y La Laguna. La comparación temporal permite observar cambios en la extensión de sus superficies de agua después de las precipitaciones y disponer de una perspectiva territorial amplia sobre la respuesta del sistema hídrico regional.
Más al sur, el comportamiento fue diferente.
Durante el temporal que afectó al centro-sur de Chile, varios ríos experimentaron crecidas importantes. Las series temporales construidas con imágenes Sentinel-1 muestran un ensanchamiento de los cauces y la aparición de superficies asociadas a desbordes y áreas anegadas sobre vegas, planicies agrícolas y sectores urbanos.
Ambos escenarios permiten entender por qué el monitoreo territorial no puede limitarse únicamente a registrar cuánta lluvia cae. Para evaluar adecuadamente un evento hidrometeorológico también necesitamos conocer cómo esa precipitación interactúa con las características de cada territorio, la capacidad de los embalses, los cauces fluviales y la ocupación de las áreas circundantes.
En esa tarea, la tecnología radar presenta una ventaja especialmente relevante. Sentinel-1 utiliza radar de apertura sintética (SAR), por lo que no depende de la iluminación solar y puede adquirir información incluso bajo condiciones de nubosidad o lluvia. Esta característica resulta particularmente útil durante temporales, cuando precisamente las condiciones atmosféricas pueden dificultar la obtención de imágenes ópticas.
El valor de estas imágenes aumenta cuando podemos compararlas a través del tiempo. Una escena aislada muestra el estado de un territorio en un momento determinado. Una serie temporal, en cambio, permite identificar transformaciones, reconocer la expansión de una superficie de agua, seguir la evolución de un cauce y dimensionar las áreas que experimentaron cambios después de un evento.
Esta capacidad tiene aplicaciones concretas en la gestión de emergencias. La información satelital puede complementar los antecedentes recopilados en terreno, facilitar la identificación de sectores afectados, apoyar evaluaciones de daños y entregar evidencia para planificar medidas de adaptación y mitigación.
Los recientes temporales también dejan una conclusión más amplia. Los eventos hidrometeorológicos no generan una respuesta uniforme sobre el territorio. En algunos lugares pueden contribuir a recuperar reservas hídricas; en otros, una crecida puede representar una amenaza para comunidades, infraestructura y actividades productivas.
Comprender esas diferencias exige información comparable, periódica y territorialmente amplia. La observación de la Tierra nos permite precisamente construir esa mirada. Más que registrar los efectos de un temporal, nos ayuda a entender cómo responde cada territorio y aporta antecedentes para enfrentar futuros eventos con mayor conocimiento, preparación y capacidad de decisión.









































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