Erupción de Anak Krakatau: satélites siguen ceniza, calor y gases
La dispersión de ceniza alcanzó zonas de Java y Sumatra, obligó a suspender vuelos y mantuvo restricciones alrededor del volcán.
El volcán mantuvo una erupción continua de unas 25 horas en el estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra. El Centro de Vulcanología y Mitigación de Riesgos Geológicos de Indonesia (PVMBG) confirmó el episodio mediante registros sísmicos y observación visual. Al revisar datos de Sentinel-2 y Sentinel-5P, examinamos cómo la erupción se manifestó en la atmósfera circundante.

Una actividad que todavía exige vigilancia
La erupción de Anak Krakatau terminó su fase continua, pero el volcán siguió activo. El PVMBG registró nuevas explosiones estrombolianas y mantuvo el nivel de alerta III. El organismo mantuvo una zona de exclusión de tres kilómetros ante el riesgo de material incandescente, ceniza intensa y flujos de lava.
El alcance superó la isla volcánica. La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia (BMKG) detectó ceniza sobre sectores de Banten, Java Occidental, Lampung y Bengkulu. El 7 de septiembre, las autoridades cerraron temporalmente ocho aeropuertos de Java y Sumatra. Al día siguiente, las terminales reabrieron después de que las pruebas en pista descartaran ceniza volcánica. Para las personas expuestas, el PVMBG recomendó reducir las actividades al aire libre y utilizar mascarilla.


Las comunidades costeras también siguieron el estado del mar. Hasta la mañana del 8 de septiembre, las estaciones de nivel y los radares costeros no habían detectado anomalías compatibles con un tsunami. El dato corresponde al periodo observado y no descarta cambios posteriores.
Dos satélites, dos escalas de observación El material revisado reúne imágenes Sentinel-2 del 6, 9 y 21 de agosto, y del 5 y 8 de septiembre. Para compararlas usamos la composición B12-B8A-B4. La banda B12 capta el infrarrojo de onda corta (SWIR). B8A registra el infrarrojo cercano y B4, la luz roja visible. En incendios forestales, esta combinación reduce la interferencia del humo y ayuda a pilotos y brigadistas a localizar frentes activos. En Anak Krakatau la usamos para distinguir el cráter y delimitar la señal térmica asociada con la erupción.


No podemos interpretar cada zona brillante como lava ni separar siempre ceniza y nubes con una sola imagen. Sentinel-2 entrega detalle espacial, pero depende del momento de paso y de la visibilidad de la superficie. Por eso, sus escenas documentan condiciones puntuales dentro de una emergencia que evoluciona por horas.
El mapa de Sentinel-5P del 5 de septiembre aporta otra perspectiva sobre la erupción de Anak Krakatau. Su sensor atmosférico registra dióxido de azufre, un gas liberado por fuentes volcánicas y actividades humanas que puede afectar la salud respiratoria y la aviación. Podemos seguir su distribución en una escala regional, aunque el producto no representa por sí solo la concentración respirada a nivel del suelo ni mide directamente la ceniza.

De la imagen a la evaluación
Comprendemos mejor la emergencia cuando reunimos fuentes diferentes. Sentinel-2 localiza señales térmicas; Sentinel-5P amplía la mirada sobre los gases. Los satélites meteorológicos siguen el desplazamiento de la ceniza con mayor frecuencia, mientras los sismómetros, las cámaras y las pruebas en aeropuertos confirman lo que ocurre en terreno.
De este modo, la observación satelital permitió extender la mirada desde el cráter hasta el espacio aéreo afectado. Su aporte resulta más sólido cuando conserva sus límites y se contrasta con instrumentos locales. En Anak Krakatau, esa combinación explica tanto la evolución volcánica como sus efectos sobre la movilidad, la salud y las comunidades costeras.








































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