Las olas invisibles del Pacífico: cómo los satélites revelan gigantes ocultos bajo el océano
- proyectogeosatelit

- 5 ene
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Durante años, el estudio del océano se concentró en aquello que resulta visible como las corrientes superficiales, mareas y oleaje impulsado por el viento. Sin embargo, bajo la superficie se desarrollan procesos igual o más relevantes. Investigaciones recientes han demostrado que satélites que orbitan la Tierra pueden detectar olas internas gigantes, algunas cercanas a los 35 metros de altura, que se forman en las profundidades del océano Pacífico.
Estas olas internas se generan en la interfaz entre capas de agua con distinta densidad, producto de variaciones de temperatura y salinidad. Aunque invisibles para la navegación superficial, influyen de forma directa en la mezcla oceánica, el transporte de nutrientes y la regulación térmica del planeta.

Ver desde el espacio para comprender el océano
La capacidad de identificar estos fenómenos se apoya en la observación satelital de la Tierra. La NASA, a través de su programa de ciencias oceánicas, utiliza sensores de altimetría y radar capaces de detectar variaciones mínimas en la superficie del mar, señales indirectas que delatan la presencia de procesos profundos.
Desde el NASA Earth Observatory, se explica que pequeñas ondulaciones o cambios en la rugosidad superficial permiten inferir dinámicas que ocurren a cientos de metros bajo el agua, abriendo una ventana única al comportamiento interno de los océanos.
Esta aproximación supera las limitaciones de las mediciones in situ tradicionales, que solo cubren áreas acotadas y dependen de campañas específicas.
Olas internas y mezcla oceánica
Comprender las olas internas no es un ejercicio académico aislado. Según la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), estas ondas desempeñan un rol central en la mezcla vertical del océano, permitiendo el intercambio de energía, calor y nutrientes entre capas profundas y superficiales.
Este proceso resulta clave para regular la temperatura oceánica y para el funcionamiento de los ecosistemas marinos. La productividad biológica, por ejemplo, depende en gran medida de la redistribución de nutrientes que facilitan estas dinámicas internas.
Además, una comprensión más precisa de la mezcla oceánica mejora los modelos climáticos globales, reduciendo incertidumbres en las proyecciones de cambio climático.

Implicancias para la navegación y la infraestructura
Aunque no generan olas rompientes, las olas internas pueden inducir corrientes intensas capaces de afectar submarinos, plataformas offshore, cables submarinos y otras infraestructuras críticas. Estudios publicados en revistas científicas especializadas, como el https://journals.ametsoc.org/ de la American Meteorological Society, han documentado estos efectos.
La detección temprana de estas dinámicas mediante satélites contribuye a diseñar infraestructuras más seguras y a reducir riesgos operativos en entornos marinos complejos. Mirar lo invisible para entender la Tierra
Desde el espacio, los satélites no solo observan continentes, nubes o ciudades. También revelan movimientos profundos, silenciosos y determinantes. La detección de olas internas gigantes es un ejemplo concreto de cómo la tecnología satelital transforma grandes volúmenes de datos en conocimiento útil. No se trata solo de observar, sino de interpretar patrones, validar modelos y generar información que apoye la ciencia, la planificación marítima y la gestión ambiental.
Hoy, el acceso a datos oceánicos de alta resolución permite pasar de una visión fragmentada del océano a una comprensión sistémica, donde cada proceso aporta información clave sobre el funcionamiento del planeta.













































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